17 de noviembre, día mundial de la prematuridad

Escrito preparado por Prof. Patricia Triviño V.

Prof. Patricia Triviño

En el día mundial de la prematuridad los cuidados neonatales han experimentado cambios en las últimas décadas que bien podríamos definir como radicales con una disminución notable de los límites de la viabilidad. La mejora y evidencia científica en la ventilación mecánica, el descubrimiento del surfactante y el uso de corticoides antenatales ha llevado que en la actualidad sobrevivan recién nacidos prematuros impensables en décadas pasadas. Sin embargo, trae consigo una importante morbilidad asociada. Por lo mismo, la prematuridad continúa siendo la primera causa de morbimortalidad neonatal e infantil, y constituye uno de los problemas de salud más importantes de la sociedad, especialmente en la más industrializada.

La prematuridad es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el nacimiento que ocurre antes de completarse las 37 semanas o antes de 259 días de gestación, desde el primer día del último periodo menstrual. Se subdivide en extremadamente prematuros <28 semanas (5,2% de todos los < 37 semanas), muy prematuros 28-31 semanas (10,4% de todos los < 37 semanas) y moderadamente prematuros 32-36 semanas (84,3% de todos los < 37 semanas). Entre estos moderadamente prematuros, se ha clasificado a un subgrupo denominado “prematuros tardíos” (34-36 semanas) (1). Estos representan el 70-74% de todos los prematuros y, de manera general, no se han incluido en la mayoría de los protocolos y/o recomendaciones de seguimiento para niños prematuros. Sin embargo, este grupo de prematuros ha sido objeto de múltiples estudios en la última década, dejando constancia de que se tratan de niños/niñas con un desarrollo diferente al de los recién nacidos de término, y que no están exentos de riesgo de presentar secuelas a largo plazo. Hay una mayor incidencia a problemas de salud en la infancia con mayores tasas de rehospitalización y consultas a los servicios de urgencia, mayor riesgo a infecciones, problemas respiratorios y trastornos del neurodesarrollo, además, la mortalidad infantil entre los prematuros tardíos es 2-3 veces mayor que las de los recién nacidos de término (2).

Dentro de los determinantes  de salud que pueden afectar el embarazo en adolescentes y adultas, como, pobreza, estructura familiar, calidad de la vivienda, acceso a alimentos saludables, acceso a servicios de salud y de atención primaria, tecnología en salud, cohesión social, percepción de discriminación/ inequidad, acceso a empleo, situación laboral, políticas que apoyen la promoción de la salud, entornos escolares seguros e ingreso a la educación superior, la prematuridad es uno de los resultados de estos determinantes de salud la cual se convierte en un determinante importante de mortalidad y morbilidad neonatal con consecuencias a largo plazo (3,4).

Sin lugar a duda un indicador epidemiológico relevante que expresa el nivel de desarrollo y la calidad de la atención del recién nacido en una determinada área geográfica o en un servicio es la mortalidad neonatal dónde expresamente los prematuros tiene una destacada Tasa de un 67.5 por mil nacidos vivos, en nuestro país. Esto da cuenta, respecto a la mortalidad neonatal, una disminución de los índices por factores de mejoría socioeconómica, educación de los padres, el buen control del embarazo, la atención calificada del parto, la regionalización de la atención perinatal, el inicio oportuno del cuidado intensivo neonatal y la buena atención del recién nacido en el momento del nacimiento, que incluye, en caso necesario, una adecuada e inmediata reanimación (5).

En el ámbito del cuidado neonatal otorgado por un equipo multidisciplinario ha transitado por un enorme cambio en las políticas de salud y bienestar neonatal, poniendo de manifiesto la relevancia de los cuidados neonatales y variando la orientación desde una perspectiva centrada en la enfermedad hacia una atención integral o al menos eso es lo que se pretende en las unidades neonatales. Un cambio que nos permite ver a un prematuro como un ser activo capaz de interactuar con el medio ambiente que le rodea y al mismo tiempo influenciable por este ser en constante desarrollo.

Desde el punto de vista de nuestra disciplina de enfermería en la prevención, promoción, restauración y rehabilitación de la salud esto nos ubica dentro de los cuidados neonatales y la atención especifica de los prematuros, como un transitar desde la asistencia centrada en la evidencia científica de los cuidados más oportunos y eficientes, lo procedimental, la infraestructura, la tecnología, los problemas de salud  a un manejo en la gestión de cuidados que pone de manifiesto que trabajamos hacia un sujeto de cuidados tanto del recién nacido prematuro como a su familia o cuidadores principales. Esta realidad va creciendo y sosteniendo en una serie de medidas que favorecen la vinculación efectiva de los padres. Con ellos trae consigo las políticas del fomento de la lactancia materna, el contacto prematuro precoz con el método canguro, las visitas abiertas las 24 horas para las madres y cuidadores principales, entre otros.

Según María Carmen Sellán, 2017, las enfermeras saben que el cuidado es más que un repertorio de destrezas o una actitud, o  incluso una propensión a pensar que la vida solo tiene sentido si se proyecta en otras vidas, si las completa o las hace posibles. Pero, además, si la persona a la que a priori se dirigen nuestro cuidado es un recién nacido, la ausencia de sus padres es si cabe más relevante que para otros grupos de edad (6).

Sin lugar a duda nuestro sujeto de cuidados en un prematuro nos ubica en gestionar los cuidados en su integralidad y vinculación efectiva en todas nuestras funciones del rol (asistencial, administrativa, educación e investigación) para lo cual fuimos creadas como profesión.

 

Referencias Bibliográfica

  • Mendoza, L.A; Claros, D.; Menoza, L.; Arias, M.; Peñaranda. Epidemiología de la prematuridad, sus determinantes y prevención del parto prematuro. Rev Chil Obstet Ginecol. 2016; 81(4): 330 – 342
  • Reymundo, M.; Hurtado, J.; Calvo, MJ.; Soriano, FJ.; Ginovart, G. Recomendaciones de seguimiento del prematuro tardío. An Pediatr (Barc). 2019; 90(5): 318. e1-318. e8 https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2019.01.008
  • Maness SB, Buhi ER. Associations between social determinants of health and pregnancy among young people. Public Health Rep. 2016;131(1):89-99
  • Huddy CL, Johnson A, Hope PL. Educational and behavioral problems in babies of 32–35 weeks gestation. Arch Dis Child Fetal Neonatal 2001;85(1): F23-8
  • Norma General Técnica para la Atención Integral del Recién Nacido N° 0194. Subsecretaria de Salud Pública. 1° Edición y Publicación 2017. ISBN: 978-956-348-143-3
  • Sellán, C., Vázquez, A. Cuidados neonatales en enfermería. España: Elsevier; 2017
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